sábado, 1 de septiembre de 2012

Buenos días, derechos. ¿Derechos? ¿Dónde estáis?


Hay gente que realmente piensa que no hay censura y que no nos quitan derechos, que son exageraciones. Sólo hay que pararse a pensar y ver qué hace el gobierno con esas personas, instituciones, cadenas y programas de radio y televisión, prensa, partidos políticos, páginas de activismo, etc., que están en contra de él. Represión no justificada que da polémica unos días y después, sin más, se las apañan para hacer que el pueblo lo olvide y lo tome como una gamberrada de un grupillo de antisistemas. Discrepancias de miles, e incluso decenas de miles de personas respecto a las asistencias a las manifestaciones, según provengan los datos del gobierno o de otras instituciones. La ley actual por la que se rige este sistema "democrático", crea desigualdades evidentes entre los partidos grandes y los minoritarios. En las campañas electorales, es muchísimo más fácil encontrar las propuestas de los grandes partidos que los de los partidos pequeños. Hace poco, la página web internacional de activismo más grande del mundo (avaaz.org), fue atacada por un gobierno que la calificaba en privado como enemigo. En twitter, el topic #19J, fue trending topic en algunos países de la Unión Europea, y no en España. Y un larguísimo etcétera. Existen diversas opiniones respecto a estas noticias, censuras y actuaciones del gobierno.

  • Son invenciones de la gente. 
  • Será cierto. 
  • No lo he visto en la prensa, así que no será real. 
  • No lo he visto en la prensa, ¡vaya censura! 
  • Si el gobierno hace esos cambios será porque son necesarios, que son los que entienden. 
  • Si el gobierno hace esos cambios es porque sabe que la gente protestará unos días y después adaptará su vida sin más a ellos.
  • No nos quitan derechos, son cambios necesarios para poder paliar la deuda, no puede ser de otra manera.
  • Nos quitan nuestros derechos a los que menos derechos tenemos por nuestro nivel económico, y no a los de mayor poder adquisitivo.
  • ...

Es comprensible que no se crea en algo que no se ha visto, como serán algunas cosas de las mencionadas anteriormente, pero también nos podemos guiar por las cosas que vemos: los ricos tienen más derechos que un pobre; un niño de padres ricos probablemente sea rico también, y un niño pobre tendría que ganarse sus derechos trabajando donde los de más dinero le digan (es decir, desigualdad de oportunidades desde el nacimiento); tramas de corrupción descubiertas y demostradas de los que más dinero tienen, e incluso de los que están en el gobierno, en la realeza y los que imponen la justicia (aunque luego casualmente ya no se habla de ello, como si no fuera lo grave que realmente es); te ocupas de la casa, trabajas y aun así, hay que reducir gastos para poder pagar la sanidad, la educación o un mínimo lujo, como salir el sábado o cualquier otra actividad diaria de un rico; te lleva media vida pagar tu piso mientras trabajas 10 horas al día para tu jefe, quien de vez en cuando se pasa con su coche caro por el trabajo para despedir a alguien porque le apetece trabajar; pero tu jefe se ha ganado ese puesto por todo lo que ha estudiado, no porque haya tenido el dinero que tú no tuviste para pagar los mismos estudios.

Y siento dejarlo aquí, pero me he dejado la luz de LED de la televisión toda la noche encendida y tengo que hacer horas extra para pagarlo.

Touché


-Buenos días, ciudadano de la democracia y la justicia.
-Hola, señor Gobierno.
-Sabe usted que no tiene derecho a vivir ya en ninguna casa por no tener dinero para pagarme, ¿verdad? Y que no tiene derecho a curarse porque no tiene dinero para pagarme, ¿verdad? Y que no tiene derecho a comer ni a beber porque no tiene dinero para pagarme, ¿verdad? Y...
-Espera un segundo. ¿¡No tengo derecho a vivir!?
-Prefiero no decirlo así, entiéndame, supondría un problema para mí hasta que consiga censurarlo y/o distraer a la gente con otra cosa, que la eurocopa no se hace todos los días y tendría que pensar.

lunes, 11 de junio de 2012

Ayer me desperté y soñé.

Ayer me desperté, desayuné y me aseé como un día cualquiera. Salí a la calle, hacia el bus. Como siempre. De todas formas no todo era igual. Se respiraba un aire distinto. La gente que iba a trabajar iba con una sonrisa en la cara, aunque con las mismas ojeras que yo recordaba. No parecía importarles haber dormido poco, se podía percibir en ellos un aura de... ¿impaciencia? Estaban impacientes por ir a trabajar. Aquello era nuevo. De todas formas pareció contagiárseme. Con una sonrisa me bajé del autobús y emprendí el paseo hacia la Universidad. 


Por el camino vi a los trabajadores prestando servicios a la gente, vi a la gente recibiendo servicios de los trabajadores. Realmente vi Trabajadores. Realmente vi Servicios. Unos se interesaban en darlos y otros agradecían recibirlos. Me había perdido qué pasaba ese día, consecuencia de no ver la televisión, imagino. 


Pronto divisé algo más conocido en aquella extraña tierra en la que había amanecido: dos hombres de verde fosforito frente a un humilde varón de unos 40 años, con unos vaqueros azules, una camisa a cuadros y unas zapatillas deportivas algo descuidadas. Un coche rojo descansaba a un lado de la carretera con las luces de avería puestas, esperando impaciente el regreso de su dueño. El centro de atención movía brazos y manos acompañando las palabras rápidas que exhalaba su boca inquieta. Me acerqué a preguntar al pequeño público que observaba la escena con semblantes que mostraban una empatía casi inhumana. Por lo que parecía, el hombre no regresaría al vehículo rojo, que seguía intentando captar su atención con sus destellos anaranjados a cada segundo. 


El hombre fue conducido amablemente al vehículo de más adelante que parecía pertenecer a los hombres del chaleco reflectante. Ahí va otro inocente. Pensé en alto. La mujer de mi lado, con un vestido naranja liso y un recogido en su cabellera negra rizada me miró a los ojos. No supe diferenciar si con duda, sorpresa o incluso afecto. No tardó en contarme que la Guardia del Bienestar Civil le iban a llevar al Hospital, que su mejor amigo estaba hospitalizado, y a él se le acababa de estropear su transporte. Ya habían llamado a un mecánico para que viniera a echarle un vistazo. 


Asentí y seguí mi camino, considerando el suceso anterior tan normal como ese semáforo que siempre me pilla en rojo. Me paré a esperar. Volví a echar un vistazo a esa calle con un buen humor generalizado, repasos de exámenes de última hora, anécdotas graciosas que se contaban los jóvenes, risas puntuales, preocupaciones de la señora de los pantalones de tiro bajo.


Llegué a la clase, a nuestra clase. Comencé a explicar la parte que correspondía a aquel día. Los alumnos casi en su totalidad asimilaban con agrado la información para lograr entender finalmente aquel tema de mayor complejidad que los anteriores. Cuando lo entendía uno, con una expresión que bien podría pensarse que acababa de encontrarle el sentido a la vida, se lo explicaba impaciente a su compañero de al lado. Explícalo en alto, a ver si con tus palabras la gente lo entiende mejor. Dio buen resultado. Me lo apunté. 


Cuando estaba de vuelta, oí un ruido lejano. Cada vez se acercaba más. Eran unas notas muy monótonas y repetitivas, poco melódicas. ¿Era la ambulancia? ¿Por dónde venía el sonido? De la derecha. No, de la izquierda. No, de detrás. Sí, de detrás. Lo apagué con un golpe, como siempre. Desayuné y me aseé, como un día cualquiera. Salí a la calle, hacia el bus. Como siempre... 
Todo era igual. 

miércoles, 25 de enero de 2012

Diálogo vanguardista sobre libertad y felicidad hacia el futuro

E: Lysander, ¿por qué me traes por aquí? ¿Adónde me llevas? 

L: No te preocupes, tú sígueme, y actúa normal.

E: Me estás asustando, llevas un rato buscando un lugar sin gente, y cada vez nos alejamos más del centro.

L: No va a pasar nada malo, confía en mí. Nos conocemos desde hace mucho tiempo, ¿de verdad crees que te haría algo malo?

E: No. (todavía con vocecilla asustadiza)

L: Confía en mí. -Mientras sonríe-
Al cabo de un rato llegan a un lugar que a Lysander le parece adecuado.
L: Creo que este es un buen sitio.

E: Vale, ahora dime qué es lo que pasa, estamos fuera de la ciudad y hemos salido evitando las carreteras...

L: Quería... -Mira alrededor... Sólo hay hierbas, las carreteras están lejos y el sol se esconderá en algo menos de  una hora...- (No creo que nos vean aquí...) -Suspira y susurra:- Quería compartir una cosa contigo.

E: -Con cara de asombro- ¿Qué? ¿Tú sabes lo que has dicho? Que ya tenemos 20 años, te sabes la "expresión legal", úsala. Como si nunca te hubieran castigado por usar ese verbo. Me he estado fijando, últimamente estás evitando demasiado las cosas que te unen al "Estado del Bien". Y eso no... 

L: -Le corta- Escúchame, por favor. ¿Te acuerdas esa vez hace un par de años que nos encontramos a aquél hombre que vestía con una tela que le cubría el tronco y separada tenía otra tela que le cubría solamente las piernas? Que en la tela del pecho ponía una palabra rara: "Libertad".

E: -Con los ojos llorosos- No sé a qué viene esto. Me costó mucho olvidarlo.

L: ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas lo que pasó y lo que nos dijo el policía?

E: -Eleva un poco la voz, algo molesta- ¡Sí! ¡Lo recuerdo! ¡Muchas gracias por recordármelo! 

L: Dijo que le detenían porque no llevaba el traje adecuado. Y después nos dijeron que si queríamos olvidar lo sucedido, procederían en el momento.

E: Sí, y cogió la botella que tenía en la mano y con un papel y un mechero hizo que, no sé cómo, ardiera en llamas el policía que estaba con él imponiendo el bien. Después vino corriendo y le clavó un cristal en el cuello al otro policía y antes de que pudiéramos reaccionar se abalanzó encima de ti. Sabes que me siento mal recordando que huí porque tenía miedo, y te dejé solo con él. ¿Quieres que lo pase mal? ¿Por qué me lo recuerdas? ¿Acaso...?

L: -Vuelve a cortarle, sonriente, y levantando su cara llorosa hacia sus ojos confidentes- Eh, Elina, eh. Mírame. Sabes de sobra que es lo más normal, estabas asustada, no sabíamos quién era ese hombre. Además, de eso te quería hablar. Mira, él no me quería hacer nada malo, no es verdad que conseguí dejarle inconsciente y me fui corriendo. Se llamaba Evan. En realidad me dijo que él se quedaría ahí de señuelo y que no diría que estuvimos ahí, para que no nos invitaran a olvidar lo ocurrido. Pero me puso una condición: que cuando estuviera en la cama encendiera el aparato que me había metido en el bolsillo. Después me dijo que había conseguido desconectar los "puntos de orden", que él llamó cámaras, de toda la zona, y que podría irme sin miedo a que supieran que habíamos estado ahí.

E: ¿Por qué me has mentido durante estos dos años...? -Todavía con los ojos brillando, no sabe si de alivio o miedo-

L: Al principio tiré ese trasto a la basura, era como un rectángulo más o menos de este tamaño -con los dedos hace la silueta del aparato, de aproximadamente 20x10cm-. Pero tenía curiosidad, quería saber quién era y qué pretendía exactamente. Entonces lo cogí. Eran sus memorias y reflexiones, pero en un formato que parecía muy antiguo y que tardaba incluso 10 segundos en abrir los archivos. Nunca había visto nada igual. Exploré qué tenía y había libros escritos por gente que al principio pensé que estaban locos, y que incluían mucho esa palabra que tenía en la camiseta. También hablaban de la tristeza.

E: Bueno, y ¿qué tiene de interesante la tristeza? Es el estado por naturaleza, deber y necesidad de todo "grupo igualitario" a excepción del "grupo igualitario del orden y el saber", quienes por desgracia, no pueden ser tristes.

L: -Vacila irónicamente- Elina, esa es la definición que nos han dado desde pequeños. Nos han dividido en grupos llamados igualitarios, que en realidad no lo son. Dicen que qué pena que los que pertenecen al grupo del orden y el saber no pueden ser tristes. Nosotros no hemos sentido nunca otra cosa que no sea tristeza. Los autores de estos libros que te digo, definen la tristeza como la ausencia de felicidad. 

E: ¿Qué es eso?

L: La felicidad... No sé explicarlo, es el mejor estado en el que puedes estar... Es como si... Es como si no... No sé cómo explicártelo. Voy a hablarte primero de esa extraña palabra de "libertad". Empecé a leer y al principio pensé que ese hombre estaba loco, nada tenía sentido. Algunos libros hablaban de que existía una sociedad distinta hace un tiempo. No sabía exactamente cuánto, porque usaban otro tipo de calendario. Pero el hombre de aquella vez escribió que el año 0 nuestro, era el año 2093 en un calendario que empezaba con el nacimiento de un hombre llamado Cristo, que no me informé de quién era porque los libros que hablaban de él eran muy largos y había varias interpretaciones. Y hay escritos que dicen que este planeta lleva existiendo desde hace miles de millones de años, y que todas las especies son producto de la evolución de otras. -Ella lo mira asombrada, con una expresión de desconfianza- Elina, sé que esto resulta poco creíble, yo tampoco me lo creía al principio. Pero bueno, yo continué y me fui fijando en los lugares donde aparecía la palabra "libertad". En esa sociedad de antes, no existían los grupos igualitarios. Es decir, muchos proponían la igualdad de las personas.

E: Cómo que igualdad. No tiene sentido lo que estás diciendo.

L: No, no me refiero a igualdades matemáticas, sino a una igualdad de derechos, que dicen. Es como que por el simple hecho de ser personas, tenemos las mismas "oportunidades" -mientras gesticula las comillas-, incluso que las personas que ahora pertenecen a otros grupos igualitarios. 

E: Estoy intentando entenderte, Lysander, pero estoy muy perdida. Estoy asustada, sé que eres inteligente pero ahora tengo un poco de duda de...

L: -Le corta, continuando su frase- De si estoy loco. Lo entiendo. Mira, como es tan difícil de explicar, apaga tu comunicador.

E: Pero, ¿y si me necesitan en este momento?

L: Confía en mí. -Mientras sonríe-

E: Eso me dijiste antes, y mira la situación. 

L: Por favor, Elina. -Esa voz cuerda, sincera, esa mirada segura de sí misma-

E: Lysander, no sé a dónde quieres llegar. Me transmites confianza realmente, pero el protocolo de razonamiento que nos han enseñado deberías saber que nos dice que no nos fiemos de estas situaciones.

L: ¡Eso es! Por un momento olvida todo lo que te han enseñado que debes hacer -enfatiza la palabra "debes"-. Por intentarlo no te va a pasar nada, ¿verdad? Piensa por un momento que lo que te digo es verdad.

E: Está bien, lo intentaré.

L: Vale, piensa en el grupo del orden y...

E: -Ahora le corta ella automáticamente- Grupo igualitario -énfasis en la palabra- del orden y... -Se calla de repente, dándose cuenta de que esa es una idea que ahora mismo tenía que olvidar-
Con una de esas medias sonrisas cálidas que le caracterizan, Lysander cierra los ojos un instante, transmitiéndole a Elina comprensión y una conexión entre ambos. Ella vacila un poco en ese instante, esa expresión no la había visto en nadie nunca. Nuevas sensaciones. Su protocolo de razonamiento le obliga a escapar física y mentalmente de aquello. Retrocede un paso. 
E: (No, espera.) 
Hace un esfuerzo de voluntad y mirando su pie para concentrarse más,  regresa ese paso. Está teniendo una lucha interna entre esa nueva situación de pensamiento que le propone Lysander y su protocolo de razonamiento. Sube la cabeza para estar en guardia, obligada por ese protocolo, que va ganando terreno. Se encuentra con esos ojos otra vez. De repente siente que sus músculos hacen un amago de relajarse. Esa extraña mirada, de aquel desconocido Lysander, de aquel misterioso mundo del que habla. Se estremece. Se siente confundida. El protocolo se debilita en ella en ese momento, aunque comienza a regresar más fuerte. Pero no dura mucho: siente que Lysander le toca el brazo suavemente. Sus sentimientos se agitan y ahogan el sentimiento de culpa y miedo de aquel protocolo. Ella vuelve en sí. Se fija de nuevo en el rostro de él. Entonces se limita a decir:
E: Sigue. -A la vez que siente que sonríe de forma involuntaria, y apaga el comunicador-

L: Piensa en el grupo del orden y el saber. Piensa en sus expresiones y actuaciones en general.

E: Mmm... Vale. -haciendo un esfuerzo por recopilar esas actuaciones-

L: Ahora quiero que cierres los ojos para concentrarte mejor en esto que te voy a decir.
Ella cierra los ojos, ahora con más curiosidad que miedo.
L: No los abras hasta que yo te diga. -Ella asiente con la cabeza- Desde que me di cuenta del significado de libertad y felicidad, se me repite un sueño todas las noches. Cada noche el mismo.Te cuento. Imagínate un mundo. En ese mundo la gente camina por la calle a su antojo, con la ropa que quiere. Las personas que viven allí se miran, hablan y se relacionan. Van todos con una sonrisa en la boca. Gente que va en grupos por la calle: de dos en dos, de tres en tres, de cuatro en cuatro, solos... Los niños van de la mano de sus padres. Hay un niño que se choca con un policía. -Elina se pone seria por un momento, temiendo lo peor- El policía se sobresalta y mira al niño, también con una sonrisa, diciéndole que tenga más cuidado, al mismo tiempo que le da un caramelo de limón. El niño vuelve corriendo y riendo hacia sus padres enseñándoles ese regalo. Los padres y el policía se responden simplemente con mirarse, sin necesidad de palabras.

E: Eso me ha pasado antes contigo -dice de repente-. No he necesitado que me dijeras nada, sin embargo he tenido una sensación como si me viniera de ti, aunque no sé todavía qué es, es algo nuevo para mí.

L: No te preocupes, es normal. Ahora, entre la multitud, una persona camina con la cabeza agachada y semblante serio, como la gente que hay en la actualidad. Está triste -Ella ha escuchado muchas veces esa palabra, pero esta vez la notaba diferente-. Se sienta en un banco solo. Una persona que pasa por ahí, saca una guitarra y se sienta a su lado. Empieza a tocar una canción compuesta por él, ¡en la calle!. No necesitaba que nadie revisara la letra. Otra persona que estaba en el banco contiguo comienza a tocar una armónica. Así, varias personas se unen percutiendo en el banco, cantando, etc. Esa persona de repente cambia la cara y se une. Mientras observas la escena, pasa por delante de ti alguien corriendo hacia una señora mayor, que se había dejado el bolso en el autobús. Además, las personas del autobús están preocupadas por saber si conseguirá darle el bolso antes de que entre en casa. Lo consigue y entre risas, le vitorean mientras vuelve hacia el transporte. Después giras la esquina y ves el mar, limpio y cristalino, que llega hasta tus pies ahora descalzos. Sigues la costa con la mirada y ves un bosque verde y animales en lo alto de una colina. Con las risas, voces y la música de aquella calle de fondo, caminas un rato por la orilla. Sientes la humedad de la arena en tus pies y una leve brisa agita tu cabello. Sientes que puedes hacer lo que quieras en aquel lugar. Eres libre y feliz.

E: -Tras una breve pausa de reflexión- Creo que voy entendiendo por dónde vas. -Nota una mano de Lysander en su costado y después nota la otra en el otro costado.-

L: -En esa posición, le susurra:- Me alegra saberlo.
Él se separa poco a poco de ella. Elina está teniendo unos sentimientos que nunca antes había tenido. Entonces ella dice:
E: Lysander, ahora pienso en dónde vivimos ahora y lo comparo con ese mundo que describes, y siento como una angustia dentro de mí. En la sociedad actual nos manipulan. Ese grupo de orden y saber es en realidad un grupo de personas hecho de forma artificial y es corrupto. Nos manejan a su antojo, hasta el punto en que ellos son felices y nosotros no.

L: Pero es imposible alcanzar ese estado. Muchos de esos autores que te he mencionado antes proponían distintos métodos y teorías para llegar a un estado como aquél, en el que todo el mundo sea feliz y la corrupción y la maldad no predominen sobre la bondad, caridad y empatía.

E: Pero, no tiene porqué ser imposible. Tú has conseguido abrirme los ojos, podríamos ir extendiendo este pensamiento e ir haciendo que cada vez más gente vea la verdad. Será costoso, pero no imposible. 

L: Yo también llegué a pensar que era posible. Hasta que me di cuenta de que ya tienen dominado el mundo y manejan a las personas a su antojo. Para ello habría que haber actuado antes. 

E: Probablemente ese lugar así de perfecto no se daría, pero si sabemos que ese mundo sería el ideal, ¿no crees que deberíamos intentar acercarnos lo más posible a él? De la misma forma que una persona nunca será perfecta, pero siempre intentará acercarse más a esa perfección mental que tiene. -Esto le hace reflexionar a Lysander, lo que hace un silencio de unos segundos- Por cierto, ¿puedo abrir ya los ojos?
En ese momento, Lysander posa sus labios en los de Elina. Ésta se estremece de nuevo. Siente cosquillas en el vientre, dentro de su cuerpo. Se siente totalmente distinta a otras veces. Entonces, tras unos segundos de silencio, dice:
E: Creo que ya entiendo ese sentimiento de felicidad que decías antes.

L: Quería que alguna vez en tu vida supieras qué es. Y sí, puedes abrir ya los ojos. Tengo que decirte una cosa más. La policía no tardará mucho en venir a buscarme. Ellos saben que esta información está circulando y quieren destruirla porque la consideran un peligro. No diré que has estado aquí, debes irte ya.

E: Pero... pero yo no quiero que te pase nada, Lysander. Me quedo contigo. O vente tú conmigo.

L: Mira, lo que me has dicho me ha hecho pensar que tienes razón. Puede que todavía estemos a tiempo, ¿por qué no? Ellos en cuanto me cojan con este aparato, sabrán que tienen todo controlado. Pero este es sólo una copia, el aparato original y antiguo lo tienes tú en el bolsillo, no lo podrán detectar. Al menos, que no muera la última esperanza pura. Por eso debes irte tú, quizá en un futuro...
Comienzan a sonar sirenas de policía. Sigue hablando Lysander:
L: Vete exactamente por donde hemos venido y no mires atrás. 

E: ¡Pero no sé qué debo hacer! Sé que en el momento lo sabrás, como yo lo supe.

E: Lysander -con los ojos bañados en lágrimas puras-... Haré lo que sea por verte dentro de cada una de las personas que haya a mi alrededor, tenlo por seguro.
Él estaba de espaldas en ese momento, pero ella supo que estaba sonriendo más cálidamente que nunca, y con esa mirada liberadora bañada en lágrimas.
L: Ya vienen. Tienes que irte ya. 
En este momento se gira para mirarle por última vez. Ambos saben qué se están diciendo con ese cruce de miradas.
Lysander, mientras los policías se bajan de sus vehículos y comienzan a aporrearle y a darle descargas, dedica sus últimos pensamientos a ese mensaje: "Lysander, no morirás. Vivirás en cada sonrisa, en cada mirada sincera, en cada canción. Vivirás en los mares, los bosques y las montañas. Vivirás cada vez que alguien diga libertad, vivirás cuando alguien llegue a la felicidad. Vivirás en la brisa, y en la arena del mar. Te prometo que Lysander vivirá en todos los rincones. Gracias por compartir esto conmigo"
Elina, mientras corre en dirección contraria y sin mirar hacia atrás, rememora continuamente ese último mensaje: "Elina, confío en ti. Cada vez que me necesites estaré dentro de ti. Recuerda que aunque quemen el papel, el humo quedará en el aire. Tienes la capacidad de cambiar ese cristal opaco de los hogares de la gente, por uno tan puro como tus sentimientos. Estaré aguardando paciente."

<< No dejemos que todo llegue hasta este punto. Todos tenemos nuestra parte Evan (luchador), Lysander (liberador) y Elina (pura) dentro de nosotros. Hagamos que no estén sólo presentes en nosotros, sino en todo. Sé libre, sé feliz, y lucha por serlo. >>